Con la Super Nintendo, Nintendo volvió a erigirse como única autoridad en la distribución de juegos. Con el fin de imponer sus condiciones, la empresa ideó tres capas de protección para impedir la distribución no autorizada de cartuchos y la evasión de royalties.
En primer lugar, la forma exterior de los cartuchos difiere entre regiones, por lo que no encajan en consolas de otras áreas. Sea como sea, cualquiera podría sortear esto fácilmente con un adaptador de terceros.
En segundo lugar, al igual que la NES, esta consola todavía incorpora el sistema de protección 10NES para bloquear a los distribuidores no autorizados. No obstante, el chip CIC acabó siendo clonado.
Como capa final —diseñada específicamente para combatir la piratería—, los juegos incluían en su código una cadena de comprobaciones:
- Verificación del tamaño de la SRAM: los cartuchos piratas suelen incorporar bloques grandes de SRAM para adaptarse a cualquier tipo de juego.
- Comprobaciones de integridad del código: una serie de checksums distribuidos por el código del juego verifican si las rutinas de verificación del tamaño de SRAM anteriores han sido eliminadas. Estas comprobaciones se dispersan en distintas etapas del juego, lo que dificulta encontrarlas y eliminarlas.
Aunque estas medidas podían anularse extirpando las rutinas manualmente, la tarea era larga. Al fin y al cabo, estaban repartidas por todo el juego para fastidiar al jugador y empujarlo finalmente a adquirir una copia legítima. Lo cierto es que comprobarás que la mayoría de las ROMs que circulan por internet ya tienen eliminadas todas sus comprobaciones antipiratería.