En 2006, Sony presentó la esperadísima consola de videojuegos de 'próxima generación': una máquina reluciente (aunque pesada) cuya arquitectura de hardware sigue las enseñanzas del Emotion Engine, es decir, centrarse en el procesamiento vectorial para maximizar el rendimiento, incluso a costa de la complejidad. Mientras tanto, su nuevo 'superprocesador', el Cell Broadband Engine, nació en plena crisis de innovación y tuvo que mantenerse al día a medida que evolucionaban las tendencias en servicios multimedia.
Este análisis examina en profundidad el proyecto conjunto de Sony, IBM, Toshiba y Nvidia, junto con su ejecución y su repercusión en la industria.
Sobre la extensión del artículo
Me temo que este artículo no es del típico que suelo escribir para otras consolas de esta serie, que puede leerse en un momento libre. Si te interesa conocer todos los rincones de la PlayStation 3, prepárate para el viaje completo. Dicho esto, este texto abarca unos seis años de investigación y desarrollo a cargo de innumerables ingenieros, así que no espero que lo asimiles todo de una vez. Tómate tu tiempo (y algún que otro descanso si lo necesitas) y, si al final te quedas con ganas de más, en la sección 'Fuentes' encontrarás material adicional.